Novena Poderosa nuestra Madre de Guadalupe Sexto Día

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El tío Juan Bernardino, símbolo del pueblo que pasa de la
postración de muerte al movimiento de vida.

Y al día siguiente, lunes, cuando debía llevar Juan Diego
alguna señal para ser creído, ya no volvió. Porque cuando fue a llegar a su
casa, a su tío, de nombre Juan Bernardino, se le había asentado la enfermedad,
y estaba muy grave.

Aún fue a llamarle al médico, aún hizo por él, pero ya no
era tiempo, ya estaba muy grave. Y cuando anocheció, le rogó su tío que cuando
aún fura de madrugada, cuando aún estuviera oscuro, saliera a llamar a
Tlatilolco algún Sacerdote para que fuera a confesarlo, para que fuera a
prepararlo, porque estaba seguro de que ya era el tiempo, ya el lugar de morir,
porque ya no se levantaría, ya no se curaría.

Y el martes, siendo todavía mucho muy de noche, de allá vino
a salir, de su casa, Juan Diego, a llamar el Sacerdote a Tlatilolco, y cuando
ya acertó a llegar al lado del cerrito terminación de la sierra, al pie, donde
sale el camino, de la parte en que el sol se mete, en donde antes él saliera,
dijo:

“Si me voy derecho por el camino, no vaya a ser que me vea
esta Señora y seguro, como antes, me detendrá para que le lleve la señal al
gobernante eclesiástico como me lo mandó; que primero nos deje nuestra
tribulación; que antes yo llame de prisa al Sacerdote religioso; mi tío no hace
más que aguardarlo”.

Enseguida le dio la vuelta al cerro, subió por en medio y de
ahí atravesando, hacia la parte oriental fue a salir, para rápido ir a llegar a
México para que no lo detuviera la Reina del Cielo. Piensa que por donde dio la
vuelta no lo podrá ver la que perfectamente a todas partes está mirando.

La vio cómo vino a bajar de sobre el cerro, y que de allí lo
había estado mirando, de donde antes lo veía. Le vino a salir al encuentro a un
lado del cerro, le vino a atajar los pasos; le dijo:

“¿Qué pasa, el más pequeño de mis hijos? ¿A dónde vas, a
dónde te diriges?”. Y él, ¿tal vez un poco apenado, o quizá se avergonzó?, ¿o
tal vez de ello se espantó, se puso temeroso?

En su presencia se postró, la saludó, le dijo: “Mi
Jovencita, Hija mía la más pequeña, Niña mía, ojalá que estés contenta; ¿cómo amaneciste?
¿Acaso sientes bien tu amado cuerpecito, Señora mía, Niña mía? Con pena
angustiaré tu rostro, tu corazón; te hago saber, Muchachita mía, que está muy
grave un servidor tuyo, tío mío.

Una gran enfermedad se le ha asentado, seguro que pronto va
a morir de ella. Y ahora iré de prisa a tu casita de México, a llamar a alguno
de los amados de Nuestro Señor, de nuestros Sacerdotes, para que vaya a
confesarlo y a prepararlo, porque en realidad para ello nacimos, los que
vinimos a esperar el trabajo de nuestra muerte.

Más, si voy a llevarlo a efecto, luego aquí otra vez volveré
para ir a llevar tu aliento, tu palabra, Señora, Jovencita mía. Te ruego me
perdones, tenme todavía un poco de paciencia, porque con ello no te engaño,
Hija mía la menor, Niña mía, mañana sin falta vendré a toda prisa”.

En cuanto oyó las razones de Juan Diego, le respondió la
Piadosa Perfecta Virgen:

“Escucha, ponlo en tu corazón hijo mío el menor, que no es
nada lo que espanto, lo que te afligió que no se perturbe tu rostro, tu corazón;
no temas esta enfermedad, ni ninguna otra cosa punzante, 
aflictiva.


¿No estoy aquí, yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi
sombra y resguardo? ¿No soy la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de
mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa?

Que ninguna otra cosa te aflija, te perturbe; que no te
apriete con pena la enfermedad de tu tío, porque de ella no morirá por ahora.
Ten por cierto que ya está bueno”. (Y luego en aquél mismo momento sanó su tío,
como después se supo).

Y Juan Diego, cuando oyó la amable palabra, el amable
aliento de la Reina del Cielo, muchísimo con ello se consoló, bien con ello se
apaciguó su corazón, y le suplicó que inmediatamente la mandara a ver al
Gobernante Obispo, a llevarle algo de señal, de comprobación, para que creyera.

 En un momento de silencio y de encuentro entrañable con
Nuestra Señora de Guadalupe y con San Juan Diego suplicamos por los jóvenes ,
especialmente por los que sufren el flagelo de la droga, para que descubran el
valor de la vida y la presencia de María en sus vidas.
Ave María
Poema
Oración fin
Soy Freddy Arellano, fundador de NicaraguaEs.com, un portal comprometido en ofrecer información útil, actualizada y confiable. Me especializo en producción audiovisual, marketing digital y redacción de contenidos optimizados para buscadores. Mi misión es acercar la información a los lectores de manera clara, accesible y con valor real para su vida diaria.📱 WhatsApp: +505 7812-0557🌐 NicaraguaEs.com

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