hora de mi muerte, me encomiendo a tu bendita fidelidad y singular custodia, y
pongo en el seno de tu misericordia mi alma y mi cuerpo; te recomiendo toda mi
esperanza y mi consuelo, todas mis angustias y miserias, mi vida y el fin de
ella: para que por tu santísima intercesión, y por tus méritos, todas mis obras
vayan dirigidas y dispuestas conforme a tu voluntad y a la de tu Hijo.







